jueves, 17 de mayo de 2012

El niño del balón


Érase una vez un niño que no podía jugar al frontón porque decían que era muy malo.
Día tras día pedía que le dejaran jugar, pero siempre le decían que no.

Un día el curso de cuarto se quedó sin balón, y el niño pensó y pensó hasta que… ¡Clas!
- Ya sé, no tenemos balón, así que yo me traeré uno al cole para que podamos jugar.
Al día siguiente se llevó al cole el balón y se puso a jugar. Cinco minutos más tarde se acercaron los que antes no querían jugar con él y le preguntaron si podían jugar.
Seguro que ya sabéis la respuesta, fue… ¡Siiiii!

Los niños vieron lo bueno que era y le dejaron jugar con ellos aunque a veces perdían, pero se divertían mucho.

                                   Marcos Montalbán Muñoz. 4ºB.



lunes, 7 de mayo de 2012

El día en que mi hermano casi se mata




El verano pasado estuvimos en Gredos y mi hermano casi se mata. ¡Menos mal que todo se quedó en un susto!
Fuimos a la laguna que había arriba, pero el camino era muy largo hasta allí, así que tuvimos que andar mucho. En la laguna había ranas y tritones pequeños. Estuvimos observándolos un buen rato. Después, subimos un poco más arriba hasta el Charco Esmeralda. Una vez allí, nos acercamos demasiado al agua, y mi hermano casi se cae por una cascada, a unas rocas que había. No se cayó abajo, porque se enganchó en una de las piedras. En el camino de vuelta, ya todos contentos, nos encontramos con más de veinte cabras montesas. Las miramos y seguimos alegremente. ¡Que distinto podía haber sido todo!

Jose Luis Saavedra Canales 3º A

Mi padre echa chipas


Un día estaba mi padre viendo la televisión, y mi madre estaba durmiendo. De repente, la lámpara empezó a apagarse y a encenderse. Mi padre se levantó y dijo:
-¡Eva, la lámpara se está apagando y encendiendo sola.
Pero mi madre no le oía. Entonces mi padre cogió la escalera, se subió, le quitó los tornillos a la lámpara e intentó arreglarla. Pero cuando estaba mirando los cables, saltó una chispa, y él se cayó de la escalera. La escalera se cayó también y, al caer, rompió una pecera que había en la mesita de madera.
A mi padre se le quedaron los dedos negros del chispazo. Mi madre se despertó y nosotras también nos despertamos. ¡Que susto nos dimos! Menos mal que no pasó nada peor.

Karen Castillo Pérez 3ºA

miércoles, 11 de mayo de 2011

¿QUÉ QUIERO SER DE MAYOR?

Cuando era pequeño, pensaba en ser futbolista de mayor, porque ganaría mucho dinero, y porque creía que se me daba muy bien y que metería muchos goles. Pero es un juego que no me hace mucha ilusión. Actualmente quiero ser inventor, porque podría fabricar cosas como coches voladores, robots etc… Para dedicarse a este oficio hace falta mucha imaginación y, como para todo, hay que estudiar mucho. Este es un pequeño defecto.

En el futuro, a lo mejor cambio de opinión, pero sí estoy seguro de que nunca seré: futbolista, porque es un deporte que no me gusta; torero porque se maltrata a los animales, ni boxeador porque es un deporte muy violento.

Andrés Rey 4ºB

EL HERMANO ABANDONADO DE TOM


Esta historia trata de un niño llamado Tom Martínez González, de 11 años, que descubre que sus padres le estaban ocultando un secreto.
Tom estaba volviendo del colegio y cuando iba a abrir la puerta de su casa escuchó a sus padres hablando y él se escondió detrás de la puerta.
Mamá de Tom: - Creo que deberíamos decirle a Tom que tiene un hermano abandonado.
Papá de Tom: - ¡No! Recuerda la última vez que le dijimos un secreto…
Mamá de Tom: - Si, no nos hablo en un mes.
Tom abrió la puerta con fuerza muy enfadado y exclamó:
Tom: - ¡Papá!, ¡mamá!, ¡vosotros nunca cambiaréis! ¿Por qué no me lo dijisteis?
Los padres: - No queríamos preocuparte.
Mamá de Tom: - No teníamos dinero para alimentaros a los dos y decidimos dejar a Sam, tu hermano. Ahora que tenemos dinero, podremos buscarlo y además invitar a los padres que le cuidaron.
Tom: - Va a ser un poco difícil porque sus padres …
Los padres: - ¡Conoces a sus padres!
Tom: - Si, bueno…
Papá de Tom: - ¿Bueno qué?
Tom: - Bueno, que vayamos a buscarle.
Todos: - ¡Vamos!
Tom: - Creo que Sam está en el Bosque Silencioso, en la casa del árbol que construimos.
La familia se dirigió hacia el bosque. De repente, escucharon un grito.
- ¡Ayuda!, ¡socorro!
Cuando llegaron al lugar de donde provenía el grito, vieron una manada de lobos atacando a Sam.
Tom: - Hermano, ¡yo te salvaré!
Sam: - ¡Hermano!, ¿pero qué dices?
Tom: - Si tú eres mi hermano abandonado.
Sam: - ¿Quién te lo ha dicho?
Tom: - Mis padres, que también son los tuyos
Cuando terminó el salvamento se lo explicaron bien a Sam y a los padres que le adoptaron. Ellos aceptaron darle a Sam y vivir en su casa.
Tom y Sam crecieron, tuvieron hijos y fueron pasando la historia de generación en generación.
¡Bueno hasta que a alguien se le olvidara contarla!
Espero que os haya gustado.

SANTIAGO PINEDA MAFLA – 4º A

miércoles, 4 de mayo de 2011

EL HADA DEL MANANTIAL

Érase una vez una viuda que tenía dos hijas: la mayor, como su madre, era fea y con mal carácter; la menor era bella y bondadosa. Las dos la envidiaban por su hermosura.

Un precioso día de primavera, la madre mandó a la menor a por agua al manantial. Cuando la joven llegó, una anciana le pidió agua y la joven se la ofreció. Esta la hechizó diciendo que cada palabra que saliera de su boca se convertiría en flores y piedras preciosas.

La joven le explicó a su madre lo sucedido y ella mandó a la mayor al manantial.

La hermana mayor no hizo lo que le pidió el hada, y la hechizó diciendo que cada palabra que saliera de su boca se convertiría en sapos y culebras.

La madre echó la culpa a la menor y encima la echó de casa. La joven fue a refugiarse al bosque por donde cazaba un príncipe. Él se enamoró de ella y le pidió la mano. Ella respondió: - si quiero-, y el pueblo se enriqueció con las flores y piedras preciosas que salían de su boca.

Aitana González 4C

Mi vida en otro mundo.


Érase una vez una ciudad cualquiera. Con cualquiera quiero decir como Nueva York o Madrid, cosas de esas. Bueno, resulta que en esa ciudad vivo yo. Si, es una ciudad muy bonita aunque muy, muy, muy aburrida. Todo el mundo hace lo mismo todo el tiempo. Además son extremadamente pesimistas, la verdad. Y yo…., bueno, yo….no tengo amigos. No es que yo sea mala persona. Solo es, que como ya dije antes, ¡son extremadamente pesimistas! y piensan cosas negativas de mí. Por esa razón estoy obligada a tener amigos imaginarios, mi propio mundo imaginario y…. ¡helados imaginarios! No mola tanto como parece, pero al menos yo me divertía.

Con el paso del tiempo me fui haciendo mayor. Dejé atrás todas esas cosas. Cuando ya pensaba menos en la fantasía, y más en los negocios….se me cayó el Boli. Un boli que me regaló mi jefe cuando cumplí los treinta años. Luego se me quedaron grandes los pantalones que me había comprado hacía poco, y por último me llamaron por el móvil que mi esposa me regaló cuando cumplí 42 años. Contesté y no había nadie. Volvieron a llamar. Pensando que era mi mujer contesté tranquilamente y resulta que no era ella. Sonaba una voz rara y espeluznante, como la del malo de la guerra de las galaxias. Esa voz me decía:

- Vuelve el tiempo atrás, vuelve el tiempo atrás, vuelve el tiempo atrás, por el hueco sin más.

Yo pensaba que sólo era un chaval haciéndose el graciosillo, pero no era así. No sabía que quería decirme, pero lo supe cuando lo vi. Iba en coche de camino al trabajo cuando de repente vi a unos hombres arreglando la alcantarilla. Me bajé para ver que sucedía y, por desgracia había un charco en medio. Me resbalé y me caí por la alcantarilla. Fue una experiencia única. Me sentía feliz y asustado como si no hubiese mañana. Cuando acabé de caer, llegué a un mundo raro y mágico, y lo primero que vi fue a uno de mis amigos imaginarios. Era alto, casi como el Teide, y violeta, casi como la flor. Me llevó a un sitio ¡extraordinario! Las calles eran de azúcar, la luna de pizza, los árboles de golosinas y de los libros salían ranas. También estaban todos mis superhéroes favoritos: Superman, Spiderman, Batman, la mujer Maravilla, Aquaman…. Y también sus super villanos: el Duende Verde, Pingüino, Gatubela, Lex Lutor… ¡Qué más se puede pedir!

Cuando ya pensaba en quedarme a vivir en ese mundo para siempre, los zapatos me empezaron a quedar grandes. Casi ni sabía escribir y me creció más el pelo. Ya ni sabía como hacerme el nudo de la corbata. ¿Qué me estará pasando? ¡Estaba encogiéndome! Me hacía más y más pequeño, retrocediendo en el tiempo. De repente tenía siete años, cinco, tres, uno y…. ¡puff! desaparecí. Si, ya se que es extraño, y que os estaréis preguntando cómo os estoy contando esta historia si estoy muerto, ¿no? Pues resulta que todo esto era sólo un sueño. ¿Que cómo lo se? Pues porque empecé a gritar - ¡Ah, ah, no quiero morir! – y me desperté. Me había vuelto a dormir en el escritorio de la cocina, tal y como me imaginaba.


Lucía Grand Aguilar 4C.